jueves, 9 de enero de 2020

Los incendios forestales en California anuncian la llegada de una época de incendios planetarios

Por Stephen Pyne, profesor emérito, School of Life Sciences, Arizona State University

Otro otoño, más incendios, más refugiados y casas incineradas.  Para California, las llamaradas se han convertido en los colores del otoño.

El viento revoltea las asquas de un árbol quemado por un incendio forestal en Riverside, Calif. Oct. 31, 2019. AP Photo/Ringo H.W. Chiu

Un incendio descontrolado crea caos en el ambiente gracias a la tormenta de ascuas que se distribuyen por todas partes.  Pero en manos de los humanos, la combustión es también la causa más profunda. Las sociedades modernas están quemando un paisaje lítico (una antigua biomasa viviente ahora fosilizada y convertida en carbón, gas y petróleo) lo cual está agravando la quema de los paisajes vivientes actuales.

La influencia no viene solamente a través de cambio climático, aunque ése es claramente un factor.  La transición a una civilización de combustibles fósiles también afecta cómo los habitantes, en las sociedades industriales, viven sobre la tierra y qué prácticas desarrollan para utilizar el fuego.

Aún sin cambio climático, existiría un problema sobre incendios muy serio.  Algunas agencias en los Estados Unidos reformaron sus políticas para reestablecer un “buen fuego” unos 40-50 años atrás,  pero aparte de algunas localidades, esas políticas no se han aplicado extensamente.

Lo que antes eran paisajes líticos han sido exhumados y ya no están debajo de los paisajes vivientes.  De hecho, una vez suelto, el paisaje lítico sobretoma el viviente y dos formas de quemas interactúan en formas que a veces compiten y a veces se ayudan.  Como cuando líneas eléctricas han iniciado incendios por chispas, los dos fuegos se intersectan con consecuencias letales.


El incendio como marco de referencia

Como un historiador de incendios, se que un sólo factor no es la única causa del mismo. Las llamas cambian sus alrededores.  El fuego es un vehículo sin conductor corriendo cuesta abajo arrasando todo lo que esté a su paso.  A veces encuentra un curva muy cerrada llamada cambio climático. A veces es una intersección peligrosa. A veces es un peligro en el camino dejado por accidentes anteriores, como corta y quema de bosques, pastizales de especies invasivas y otras áreas anteriormente quemadas.

El cambio climático crea un aumento en la acción, y es entendible que toma la mayor atención pues es de escala global y su alcance es mayor que incendios locales, océanos, extinción de especies y otros efectos.  Pero el cambio climático no es suficiente, por si mismo, para explicar la proliferación de mega incendios.  El clima integra muchos factores, al igual que el fuego.  Su interacción hace que sea difícil saber qué causa qué.

Considere el fuego, en todas sus formas, como una narrativa informativa. La inflexión crítica en tiempos modernos ocurrió cuando lo humanos comenzaron a quemar biomasa fosilizada en lugar de viviente.  Esto arrancó una transición pírica semejante a la transición demográfica que acompañó la industrialización, como las poblaciones humanas se expandieron.  Algo similar pasa con la población de incendios, al haber nuevas fuentes de ignición y combustibles además de las ya existentes.

En los Estados Unidos, la transición generó una ola de mega incendios junto al desarrollo de asentamientos – algunos incendios hasta un orden de magnitud más grandes y más letales que los de décadas anteriores.  La deforestación, extracción de productos maderables y corte de bosques para asentamientos humanos alimentó la ocurrencia común de incendios, lo que explotó al final de siglo 19 y principios del siglo 20, las últimas décadas de la Pequeña Edad de Hielo.


El gran indencio de 1910, el cual mató 78 bomberos en Idaho (foto) y Montana, inició una política, por más de medio sigo, de manejo de bosques enfocada en la represión de incendios.  Bibioteca del Congreso/Wikipedia

Fue un período de chaos debido a incendios que inspiró la conservación patrocinada por el estado de los Estados Unidos y la determinación de eliminar las llamas abiertas.  Iniciado por forestales, la creencia se distribuyó que los incendios en la naturaleza pueden ser contenidos.

Eventualmente,  la sustitución tecnológica (por ejemplo reemplazo de velas por bombillas) y la supresión activa redujeron la presencia de llamas. La cantidad de incendios bajo a tal punto que los incendios naturales ya no realizaban una función ecológica. Mientras tanto, la sociedad se reorganizó alrededor de los combustibles fósiles, adaptándose a la combustión del paisaje lítico e ignorando el fuego latente en el paisaje viviente.

Ahora las fuentes sobrepasan las reservas: Demasiada biomasa fósil es quemada para que pueda ser absorbida dentro de los límites ecológicos.  Combustibles en el paisaje viviente se acumula.  El clima está desbalanceado.  Cuando las llamas retornan, como debe ser, vienen como fuegos descontrolados.

Bienvenido al Piroceno

Viendo desde un punto de vista más amplio, podemos visualizar la Tierra entrando a una edad de fuego comparable con las edades de hielo del Pleistoceno, completo con el equivalente incendiario de capas de hielo, lagos pluviales, llanuras de aluvión peri glaciales, extinciones masivas, y cambios en nivel del mar.  Es una época en la que el fuego es tanto la causa primaria de movimiento y la expresión principal.

Aún la historia del clima se ha convertido en un segmento de la historia del fuego.  El control del fuego de la humanidad ha creado el Antropoceno, lo que es el resultado, no sólo de los humanos alterar sinó de un tipo de alteración resultado del monopolio de la humanidad sobre el fuego.

La interacción de los dos tipos de fuegos no ha sido estudiado mucho.  Es difícil estudiar las práticas humanas de fuegos en la ecología tradicional.  Pero el fuego industrial, a diferencia de los incendios naturales, es un producto exclusivamente humano y por eso se ha quedado fuera de la ciencia ecológica.

En los países desarrollados, la combustión industrial dispone la agricultura, las construcciones, los ambientes suburbanos y las reservas de vida silvestre.  Sociedades hasta contrarrestan los incendios con la contrafuerza de fuego industriales en la forma de bombas, maquinarias, aviones y vehículos. La interacción de los dos tipos de fuegos determina no sólo qué se quema, pero también qué necesita ser quemado y qué no.

Adicione todos los efectos, directos e indirectos – las áreas quemándose, las áreas que necesitan ser quemadas, el impacto sobre cuencas dañadas y la atmósfera contaminada, la alteración de la biota, el efecto penetrante del cambio climático, aumento del nivel del mar, extinción de especies, alteración de los hábitats y la vida humana – y ahora tiene una “piro-geografía” que luce como una edad del hielo pero para el fuego.  Estamos ahora en una época “Pirocena”.  Los perfiles de esta época están siendo visibles en el humo.

Si lo duda, pregúntele a California.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Por qué las setas que comemos son indispensables para conservar el planeta

Por Sergio de Miguel MagañaUniversitat de Lleida

Es otoño, tiempo de setas. Las buscamos en los bosques y en los mercados. Las consumimos en casa y en los restaurantes. Es bien conocida su importancia socioeconómica, debida a su interés comercial y a su gran valor gastronómico y cultural.

Oykuozgu/Shutterstock


Pero, mientras nos deleitamos con semejantes manjares, apenas somos conscientes del papel que cumplen los hongos en la conservación de la diversidad de los bosques y en su capacidad de adaptarse al cambio climático y mitigar sus impactos.

Los hongos proveen múltiples servicios ecosistémicos que resultan determinantes para la vida del planeta y el bienestar de la humanidad.

La Wood Wide Web: la internet del bosque

La seta es al hongo lo que el fruto al árbol. Supone tan solo una pequeña (aunque importantísima) parte, que le permite diseminarse mediante la dispersión de las esporas almacenadas bajo el sombrero de la seta. Pero la mayor parte de esos mismos hongos cuyos “frutos” consumimos está oculta bajo el suelo que pisan nuestros pies mientras caminamos por el bosque.

En esa porción de suelo que no vemos, los hongos conectan todo el ecosistema forestal a través de una compleja “red social”. Es lo que los científicos denominamos la Wood Wide Web, la internet del bosque. Esa red sostiene la vida de esa fracción del mundo que sí vemos.

Boletos, oronjas, níscalos y muchas otras especies de setas comestibles viven en simbiosis con los árboles a través de ectomicorrizas. La etimología griega del término micorriza alude a la unión entre mýkēs (hongo) y rhiza (raíz), la íntima conexión que muchas especies de hongos establecen con las raíces de los árboles.

Los hongos y el cambio climático

Los hongos ectomicorrícicos recubren las raíces incrementando la capacidad de absorción de agua y nutrientes por parte de los árboles. Contribuyen así de manera decisiva a la vitalidad y desarrollo de los bosques.

En un contexto de cambio climático, sin la ayuda de los hongos, los árboles tendrían aún más dificultades para sobrevivir en unas condiciones cada vez más áridas. Los hongos pueden desempeñar un papel clave en la adaptación de los bosques al cambio global.



Simbiosis micorrícica entre hongos y árboles del ecosistema forestal. Modificada a partir de Marcel G. A. van der Heijden/P. Huey/Science



A su vez, los hongos micorrícicos reciben de los árboles los nutrientes que necesitan para prosperar. Ese alimento son carbohidratos que los árboles almacenan mediante la absorción de CO₂ (gas de efecto invernadero) a través de la fotosíntesis.

Los árboles contribuyen de esta forma a mitigar el cambio climático, reduciendo la concentración de CO₂ de la atmósfera. Pero son los hongos ectomicorrícicos unos de los principales responsables del almacenamiento de ese carbono en el suelo de los bosques.

Sin embargo, investigaciones de alcance mundial que impulsamos desde la Global Forest Biodiversity Initiative sugieren que el cambio climático podría reducir significativamente la simbiosis ectomicorrícica a escala global.

Su substitución por otros tipos de simbiosis menos eficientes a la hora de almacenar carbono podría incrementar el CO₂ atmosférico, exacerbando así el círculo vicioso del cambio climático.

Los hongos y la biodiversidad

Los hongos juegan, además, un papel clave en la biodiversidad de los bosques del planeta. Estudios recientes sugieren que las ectomicorrizas protegen a los árboles frente a hongos patógenos mejor que otros tipos de micorrizas.

Donde predominan los hongos ectomicorrícicos, los árboles tienden a crecer en grupos densos de una misma especie. En cambio, donde predominan otras micorrizas, la diversidad de especies suele ser mayor. No en vano, los hongos patógenos comestibles como la Armillaria mellea son claves en los procesos de mortalidad y regeneración del bosque y, por ende, en su diversidad.

También los hongos saprobios comestibles como la Macrolepiota procera, que se nutren de materia orgánica muerta, juegan un papel fundamental en el ciclo de nutrientes y en el funcionamiento del ecosistema.

Esta red subterránea de conexiones ha sido descrita como una verdadera red de comunicación del bosque. Por ella los árboles pueden compartir recursos y nutrientes. También sirve para que las plantas se “avisen” en caso de padecer el ataque de organismos patógenos.

Todo ello contribuye a cambiar la manera en que concebimos los bosques. Ecosistemas cuyo complejo funcionamiento no solo resulta de la competición por la supervivencia, sino también de una suerte de cooperación entre individuos, especies y organismos diferentes en aras del mantenimiento de la vitalidad del ecosistema en el que viven.

Gestión forestal para conservar los hongos

¿Qué podemos hacer para preservar un recurso tan valioso? Ese es el objetivo que nos planteamos desde el ámbito de la micosilvicultura, una disciplina de la ciencia forestal que aboga por una gestión forestal multifuncional orientada a la producción de setas y a la conservación de la diversidad micológica y de sus funciones ecológicas.

Mediante la investigación forestal contribuimos a comprender mejor el funcionamiento de los bosques, también de esa parte que no vemos bajo el suelo.

En la Universidad de Lleida y el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña contamos con uno de los dispositivos de investigación sobre hongos forestales más importantes del mundo. Lideramos avances científicos en ecología forestal y sobre el efecto de la gestión forestal en la producción de setas y la diversidad de hongos del suelo.



Níscalo (Lactarius deliciosus) pintado sobre varios árboles cerca del dispositivo experimental de la UdL y el CTFC en el bosque de Poblet (Tarragona). Imagen del autor.



Hemos comprobado que los bosques bien gestionados pueden producir más hongos comestibles sin comprometer su diversidad. Es también necesario regular su recolección para concienciar a la sociedad sobre la importancia socioeconómica y ecológica de los hongos, y preservar su diversidad y productividad.

Para que todo ello acabe redundando en una mayor vitalidad de los montes, no hay que olvidar la necesidad de políticas que incentiven la gestión forestal sostenible. Estas contribuyen a revertir el progresivo abandono de nuestros bosques y promueven un nuevo modelo de desarrollo socioeconómico basado en la bioeconomía.

Una nueva mirada sobre las setas

Las setas no solo constituyen un importante pilar de nuestras economías y tradiciones gastronómicas. De ellas también depende, en buena medida, la vida del planeta tal y como la conocemos. Al fin y al cabo, nuestra vida. Por eso, valorar y conservar el recurso micológico es uno de los grandes favores que podemos hacernos como sociedad.The Conversation

Sergio de Miguel Magaña, Profesor de Ciencia Forestal, Director del Global Forest Biodiversity Initiative Hub, Universitat de Lleida

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Por qué la lombriz de tierra es uno de los animales más importantes del planeta

Por Mónica Gutiérrez LópezDarío J. Díaz CosínDolores Trigo Aza,  Juan Bautista Jesús Lidón,  y Marta Novo Rodriguez.  Universidad Complutense de Madrid
Shutterstock/photographyfirm


A las lombrices de tierra nadie les presta atención. Quizás cuando hayan caminado por el campo tras un día de lluvia hayan visto algunas en la superficie húmeda del suelo y a algún ave recogiéndolas del suelo. Las lombrices son un gran sustento para otros animales como aves, topos, tejones, zorros e, incluso, para algunos grandes insectos. Sin embargo, su importancia no acaba ahí.

Poca gente sabe que este grupo, que normalmente vive escondido en el suelo y que no provoca demasiada simpatía, es en realidad uno de los animales más importantes en nuestro planeta.
Darwin, en 1881, se dio cuenta de su relevancia. Afirmó entonces que “es dudoso que existan otros animales que hayan jugado un papel más importante en la historia del mundo que estas criaturas de organización tan simple”.

Mucho tiempo antes, los egipcios ya las consideraban “dioses menores” al observar cómo, tras las inundaciones del Nilo, incorporaban al suelo los limos, lo que aumentaba su fertilidad. La realidad es que sin las lombrices no existiría el suelo tal y como lo conocemos, y sin suelo no se habría desarrollado la agricultura.

Las lombrices de tierra se consideran “ingenieros de los ecosistemas”. Con su actividad son capaces de modificar el suelo y crear nuevos hábitats para muchos otros animales. Como consecuencia, producen una serie de servicios ecosistémicos que ofrecen al resto de organismos, entre ellos al propio ser humano, y que no han sido valorados por la sociedad.

Veamos algún ejemplo. Al fabricar sus galerías, mejoran las propiedades hídricas y la estructura de los suelos. Al alimentarse de la materia orgánica, la degradan y ayudan a su descomposición por parte de los microorganismos, lo que hace que los nutrientes sean más asimilables para las plantas. Estas suelen crecer mejor en aquellos suelos donde la comunidad de lombrices está sana y equilibrada, lo que hace que también las cosechas sean mejores donde hay lombrices.

Recientemente hemos publicado un artículo sobre la distribución global de las lombrices de tierra en la revista Science. El estudio ha sido realizado por 140 investigadores de todo el mundo a partir de datos de casi 7 000 localidades, incluyendo datos ambientales, procedentes de 57 países distintos de todos los continentes excepto la Antártida.

Nunca hasta ahora se había conseguido recopilar y analizar tal cantidad de datos sobre estos animales. Se trata, por tanto, del mayor estudio global sobre la distribución de las lombrices de tierra. Los resultados obtenidos son muy llamativos.

En primer lugar, el estudio demuestra que las lombrices presentan un patrón de distribución totalmente opuesto al que presentan los animales que viven encima del suelo. Su biodiversidad y abundancia es mayor en las zonas templadas que en las zonas tropicales.

Este descubrimiento nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de realizar un cambio en las políticas de conservación. Para fijar, por ejemplo, los espacios naturales protegidos, uno de los datos que se utilizan son los puntos calientes de biodiversidad. Para designar dichos puntos, hasta ahora solo se habían tenido en cuenta a los organismos que viven sobre el suelo y no a los pequeños animales que viven dentro de él.

Las lombrices de tierra no son tan emblemáticas como otros animales bandera como el lince y el oso panda, pero podrían tener una importancia mucho mayor en los ecosistemas. Es hora de que esas políticas de conservación también incluyan a estos y a otros organismos edáficos para poder conservar, de forma más integrada, la biodiversidad real.

El cambio climático amenaza a las lombrices

El segundo descubrimiento realizado es que la distribución de las lombrices a nivel global viene determinada por factores climáticos como las precipitaciones y la temperatura. Esto hace que a los autores nos preocupe el efecto que el cambio climático podría tener sobre las poblaciones de estos animales.

Las consecuencias sobre las lombrices son impredecibles, puesto que el cambio climático es un fenómeno que se manifiesta a escala local y, por tanto, su efecto será diferente en cada sitio. En algunos lugares, como en los suelos permanentemente helados de las estepas, algunas especies de lombrices podrían incluso verse favorecidas. Sin embargo, la mayoría de las poblaciones podrían verse drásticamente afectadas, lo que puede llevar a su desaparición en algunos lugares o a la sustitución de unas comunidades por otras menos adaptadas.

Estos cambios afectarían a todos los servicios ecosistémicos que las lombrices proporcionan, en la sombra, al ser humano.

Queremos llamar la atención a los lectores sobre estos pequeños animales tan desconocidos y, sin embargo, tan importantes para la humanidad. El suelo es aún una gran caja negra por estudiar cuya biodiversidad e importancia son cruciales en los ecosistemas. Esperamos que la gente sea más consciente de su importancia y tenga una visión distinta de este pequeño gran mundo que habita bajo nuestros pies.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

martes, 5 de noviembre de 2019

El planeta sigue perdiendo bosques pluviales tropicales rápidamente.

Basado en artículo por Mikaela Weisse y Elizabeh Down Goldman del WorldResource Institute



Los bosques tropicales son hábitats para muchas especies
y constituyen un depósito de carbono importante.
Fuente: 
Rudy and Peter Skitterians de Pixabay
Los trópicos perdieron 120,000 kilómetros cuadrados de cobertura de bosques en el 2018. Ésta fue la cuarta pérdida mayor desde que se llevan cuentas en el 2001. Y lo más preocupante es la pérdida de 36,000 kilómetros cuadrados de bosque primario, equivalente a un área del tamaño de la isla de Taiwan. Estos datos provienen de la herramienta “Global Forest Watch” de la Universidad de Maryland.

La pérdida de cubierta boscosa ha disminuido con respecto a los años 2016 y 2017, cuando hubo unos fuegos devastadores en el Amazonia, pero aún representa un crecimiento gradual desde el 2001. La gráfica mostrada a continuación indica la pérdida de bosque en millones de hectáreas (1M hectáreas = 10,000 km2). La curva mostrada en rojo es el promedio flotante de tres años. Esta es una mejor representación de la tendencia debido a la incertidumbre de la comparación de uno año a otro.
Pérdida de bosque primario tropical, 2002-2018. Eje vertical son millones de hectáreas.
Fuente: 
World Resource Institute.


Es importante notar que estos valores sólo se refieren a bosques tropicales y no incluyen grandes pérdidas que suceden en países “desarrollados” más templados por expansión urbana o “desarrollo”. También, la pérdida de bosque resulta por muchos factores, tales como deforestación, fuego, crecimiento de ciudades, manejo sostenible del bosque, desastres naturales, etc.

¿Cuáles países están perdiendo la mayor cantidad de bosques?

Los 10 países con mayor pérdida de bosque primario pluvial tropical en 2018.
* Sólo se incluyeron países com más de 1000 km2 de bosque primario.
Fuente: 
World Resource Institute.
La pérdida de bosques es diferente en diversas partes del mundo, como puede verse en la herramienta “Global Forest Watch”. A principios del siglo dos países, Brasil e Indonesia, contenían el 71% de la pérdida de bosques primarios tropical. Los datos recientes, 2018, muestran que estos países ahora solo pierden un 46% de bosque, y otros países como Colombia, Costa de Marfil, Gana y el Congo aumentaron sus pérdidas considerablemente.


En Sudamérica, la pérdida de bosque en Colombia ha aumentado un 9% entre 2017 y 2018. Este aumento debido al nuevo proceso de paz entre el gobierno y las guerrillas de las FARC. Nuevas tierras, anteriormente en posesión de las guerrillas, están ahora más accesibles que antes.

En Bolivia se perdieron bosques por grandes extensiones de agricultura y pastos, principalmente en la región del Chaco. Pero en Perú, la pérdida fue más por pequeñas parcelas agrícolas y un aumento en el número de caminos para explotación de madera en el Amazonia, y la destrucción de bosques de las minas de oro ilegales.

En Brasil, datos de 2018 muestran una disminución, pero sólo cuando se comparan con las pérdidas de los dos años anteriores, en los cuales hubieron incendios forestales muy significativos. Los valores del 2018, son mas altos que los de los años 2007-2015. Con los extensos fuegos forestales ocurriendo este verano en la Amazonia, los valores para el año 2019 no parecen muy promisorios.

Indonesia ha disminuido la pérdida de bosques dramáticamente durante los años 2017 y 2018. En este último año la pérdida de bosques primarios ha sido la más baja desde 2003. La baja en deforestación ha sido muy notable en bosques protegidos, lo que sugiere que las políticas del gobierno están funcionando, según sugieren las autoras del artículo original.

¿Por qué importa la pérdida de cobertura boscosa?

Los bosques son una fuente importante de recursos para el planeta. Civilizaciones, a través de la historia de la humanidad, han dependido de los bosques para sus sustentos y cuando lo bosques son destruidos indiscriminadamente resulta un colapso de las sociedades involucradas. Para el planeta los bosques y sus ecosistemas son un almacén de carbono lo cual sirve para estabilizar el clima del planeta. Además, los bosques pluviales tropicales son los hábitats de miles de especies vegetales y animales, muchas de las cuales son aún desconocidas por los humanos.

Es indudable que los bosques son un elemento clave para la sobrevivencia de los humanos. Esfuerzos para disminuir su destrucción han dado resultados tanto positivos como negativos, pero los datos muestran que cambios son posibles cuando países implementan políticas de protección adecuadas y realistas. Se necesita mucha educación y voluntad política para poder salvar los bosques restantes, para el beneficio de la humanidad.

viernes, 25 de octubre de 2019

El cambio climático y la actividad humana causan disminución de crecimiento de corales costeros.

Basado en artículo de ScienceDaily

Los arrecifes de corales son fuentes críticas de alimento, ingreso y protección contra tormentas a millones de personas y ecosistemas en el mundo. La calidad de los arrecifes de corales son un termómetro de la calidad del medio ambiente en lo que respecta a cambios de temperaturas del agua del mar y la calidad química de la misma. Una nueva investigación publicada en la revista Global ChangeBiology compara las tazas de crecimiento de dos especies comunes de corales en el Caribe, Siderastrea siderea y Pseudodiploria strigosa. Estas especies fueron evaluadas en dos zonas: una zona de arrecifes costeros y otro lejos de la costa en la barrera de corales mesoamericana en Belice, la segunda barrera coralífera más grande del mundo. Mientras los corales costeros siempre han crecido más rápidamente que los que están lejos de la costa, en la última década ha habido una disminución de la velocidad de crecimiento de estos corales. Sin embargo, en los corales lejos de la costa, del mismo sistema coralino, no ha habido variación de la velocidad de crecimiento.

Siderastrea siderea.
Foto de D. Gordon E. Robertson
Los corales costeros crecen en aguas más calientes y ricas en nutrientes que los que crecen lejos de la costa. La disminución del crecimiento de éstos es muy posible debido a los cambios traídos por el cambio climático global (aumento de temperatura y acidificación del agua) y cambios en la actividad humana, como el desarrollo costero, que trae consigo un aumento en la producción de sedimentos, nutrientes y contaminantes al agua, lo cual somete a los corales a un nivel mayor de estrés. Los corales que crecen lejos de la costa tienen, ahora, la ventaja de vivir en un ambiente menos afectado por los humanos y con mayor volumen de agua a sus alrededores, lo cual sirve para amortiguar cambios químicos y de temperatura.



Pseudodiploria strigose.
Fuente: Wikimedia
Esta investigación fue realizada evaluando corales localizados a lo largo de la sección de Belice del sistema de barrera coralina de Mesoamérica. Los corales costeros están dentro de unos 10 km de la costa de Belice, mientras que los que estaban lejos de la costa están de 30-60 km de la misma. Equipos de buceo colectaron 124 muestras de los núcleos de corales, tomadas de 19 lugares, para obtener una muestra representativa del arrecife. Los núcleos de los corales tienen unas bandas de crecimiento, similar a los anillos de crecimientos de los árboles.

Las masas coralinas consisten de pólipos, unos pequeños animalitos transparentes con un cuerpo en forma de saco con un orificio boca rodeado de tentáculos. El arrecife coralino está compuesto de muchos pólipos individuales que actúan como una unidad. El color de los corales viene de unas pequeñitas algas llamas zooxantellae que viven dentro de los pólipos. El coral provee al algo alojo, acceso a luz solar y otros recursos para fotosíntesis, y el alga, en retorno, comparte con los pólipos, los carbohidratos generados por la fotosíntesis. Aumento en la temperatura del agua de mar, de 1 a 2 ºC es la causa principal del blanqueamiento de corales, un fenómeno causado por la destrucción de la simbiosis coral-alga. Este tipo de estrés afectó a un 70% de los arrecifes coralinos del mundo entre los años 2014 y 2017.


Barrera coralina de Belice. Fuente de imagen:
 
What is the Belize Barrier Reef?


En el presente estudio se determinó que las temperaturas en las aguas superficiales de los arrecifes de Belice han aumentado, desde 1985, un promedio de ~0.5 ºC en el verano. Analizando las temperaturas del agua de mar superficial por satélite se ha observado que los arrecifes cercanos a la costa han sido expuestos a 54-78 días por año por encima del nivel crítico regional para blanqueamiento de 29.7 ºC durante los años 2003-2012. En contraste, los arrecifes lejanos experimentaron sólo 20-40 días por año por encima de la temperatura crítica. Además, las zonas de los arrecifes costeros presentaron una temperatura promedio anual 0.6-0.7 ºC más caliente que los arrecifes lejos de la costa, también cómo temperaturas de verano más calurosas.

Las condiciones a la que los arrecifes costeros están siendo expuestas nos muestran un anticipo de lo que podría ocurrir a todos los demás arrecifes si la condición de aumento de temperatura del agua del mar continúa y la calidad de la misma sigue decayendo. El autor del artículo se pregunta “… si los corales podrán adaptarse a las condiciones futuras, y si no, cuáles serán el impacto en la salud y bienestar de los millones de personas, en todo el mundo, que dependen en estos arrecifes para sus comidas, ganancias, y protección.” Igualmente nos advierte “ una acción local que disminuya el estrés que crea el desarrollo costero y una acción global para reducir las emisiones de gases de invernadero, serán, ambas, necesarias para asegurar un futuro sostenible para los corales, cerca o lejos de las costas.”