domingo, 17 de mayo de 2020

Proteger los manglares puede ahorrarnos millones de dólares al año en inundaciones

Por Michael Beck y Pelayo MenéndezUniversity of California, Santa Cruz




Michael Beck, CC BY-ND

El impacto de eventos climáticos extremos, como los huracanes y las tormentas tropicales, cuestan a la economía estadounidense más de 50 000 millones de euros al año. En la mayoría de los casos, también provocan a su paso cuantiosos daños en toda la zona del Caribe. Esto es solo una pequeña muestra del poder destructivo de los vientos e inundaciones inducidos por este tipo de tormentas. Sin embargo, existen mecanismos de defensa naturales (por ejemplo, arrecifes de coral y manglares) que tienen la capacidad de mitigar los efectos y reducir el riesgo.

En esta capacidad de protección de los ecosistemas se centra un nuevo estudio publicado la semana pasada, y liderado por investigadores de la Universidad de Cantabria y la Universidad de Santa Cruz (California). En el, se evalúa globalmente el riesgo de inundación a lo largo de 700 000 km de costa y 59 países, y el servicio de protección que proporcionan los manglares para reducir los perdidas económicas y la afección a la población que vive en la costa.

Flood damages in mangrove areas. Copyright World Bank and PuntoAparte. Forces of Nature


Manglares en Loxahatchee, Florida. NOAA
En zonas protegidas por manglares, el riesgo de inundación esperado cada año supera los 730 000 millones de dólares en pérdidas asociadas a daños directos a bienes inmuebles. Esta cifra se incrementaría en 65 000 millones de dolares mas en caso de no contar con este ecosistema como primera linea de defensa costera. Sin embargo, estos valores solo hacen referencia a daños directos. Si también tenemos en cuenta el impacto indirecto sobre el trabajo, la vida y otras actividades económicas, las cifras pueden llegar a puede ser de multiplicarse por 2 o por 3.

Pero los manglares no solo ofrecen protección sobre los bienes materiales, sino que también reducen el numero de personas expuestas a la inundación costera en 15 millones al año en todo el mundo.




Este modelo a escala muestra cómo los manglares protegen la línea de costa de las olas.

Daños en las costas

En 2019 se registraron más de 90 tormentas con nombre propio y se y se contabilizaron un total de 62 días completos de ciclones tropicales de categoría 3 o superiores. Uno de los eventos mas destructivos fue el huracán Dorian , que devastó el norte de Bahamas con vientos de 300 km/h e inundaciones en 17 países y 15 estados de EE. UU.

Sin embargo, Dorian no fue el huracán más intenso del 2019. El tifón Halong, en el Pacífico Oeste, alcanzo una magnitud superior a Dorian, pero, afortunadamente, perdió intensidad al llegar a costa y las consecuencias no fueron tan severas.  Dorian o Halong son, hoy en día, un ejemplo de tormentas excepcionales, pero que serán mucho mas probables y recurrentes en el futuro, según apuntan los expertos en cambio climático.

Sería lógico pensar que todos los países conocen estos riesgos y aplican medidas para proteger a la población costera y evitar daños en infraestructuras construidas en zonas potencialmente inundables, como puertos, aeropuertos, carreteras, plantas de tratamiento de aguas residuales y centrales eléctricas. Sin embargo, esto no sucede de igual forma en todo el mundo. La mayor parte de los gobiernos y entidades privadas que llevan a cabo análisis de riesgo de inundación costera, lo hacen en países desarrollados, con capacidad económica suficiente para hacerse cargo de los costes o donde los ciudadanos pueden pagarse un seguro. Esto deja en desventaja a numerosos países en desarrollo, ubicados en zonas tropicales y subtropicales, mucho más vulnerables a estos eventos y sin capacidad para hacer frente a sus consecuencias.


Registros de tormentas tropicales desde 1842. NOAA



Defendiendo las costas

Nuestro estudio fue diseñado para cuantificar los riesgos de inundación en todo mundo, identificar las zonas mas vulnerables y proponer soluciones para reducirlos. Para evaluar los daños sobre las infraestructuras y la afección a la población, hemos desarrollado una metodología de análisis de riesgo de inundación de cinco pasos, en los que se combinan modelos hidrodinámicos, modelos de vegetación y datos socio-económicos.

Dicha metodología se ha aplicado a zonas protegidas por manglar, con el objetivo de evaluar el servicio de protección frente a inundación de estos ecosistemas. Los manglares son arboles que crecen sumergidos en aguas saladas en la costa, y constituyen una primera linea de defensa frente a la inundacion costera. Pero además, por su capacidad para crecer rápidamente, son capaces de adaptarse a condiciones cambiantes, como la subida del nivel del mar, y también contribuyen a retener sedimento y estabilizar el fondo. De media, el terreno que los rodea crece verticalmente entre 1 y 10 mm al año.

En este análisis global, se ha mapeado el beneficio aportado por los manglares cada 20 km de costa en todo el mundo, y se han identificado 100 zonas, donde los manglares evitan pérdidas de más de 100 millones de dólares cada año. Esta visualización a escala global permite establecer zonas prioritarias de actuación donde la conservación y la restauración resultan rentables para la población, las propiedades y los gobiernos.

Según nuestras estimaciones, Estados Unidos, China y Taiwán reciben los mayores beneficios económicos –protección de bienes inmuebles– de estos ecosistemas, mientras que Vietnam, India y Bangladesh reciben los mayores beneficios sociales –protección de las personas–.

En algunas unidades de 20 km de costa, los manglares proporcionan beneficios de hasta 500 millones de dólares por reducción de gastos por inundación. Michael BeckCC BY-ND

Los manglares como una infraestructura verde

El desarrollo costero y a la acuicultura son los principales responsables de un retroceso global de [más del 20 % de la superficie de manglar] entre 1980 y principios de los años 2000. Aunque más lentamente, las pérdidas continúan de la mano de la expansión urbana, la contaminación y la agricultura.

En vista del evidente servicio de protección costera que ofrecen los manglares (65 000 millones de dolares y 15 millones de personas cada año), deberían concebirse como una infraestructura nacional y ser financiados con fondos económicos destinados a la mitigación y recuperación frente a desastres naturales. Su restauración puede ser subvencionada del mismo modo que a día de hoy se cubren los gastos en la construcción de estructuras como muros y diques.

Hay otros estudios que también demuestran la capacidad de defensa de los ecosistemas. Por ejemplo, los realizados por Risk Management Solutions, una firma aseguradora de análisis de riesgos, que evalúan la protección frente a tormentas de la vegetación de marisma y los manglares.

Estos beneficios podrían utilizarse para desarrollar alternativas innovadoras de seguros para sistemas naturales, como las que ya se han puesto en marcha en los arrecifes de coral de México y a lo largo del Caribe. Conservar los manglares junto con otros ecosistemas como los arrecifes de coral puede multiplicar la protección frente a inundaciones.

Otras entidades, entre las que destaca el Banco Mundial, colaboran con países como Filipinas y Jamaica para estudiar cómo incluir los beneficios de los manglares en las cuentas estatales y en las propuestas para el Fondo Verde del Clima de la ONU, creado en el 2020 para ayudar a los países en desarrollo a mitigar las emisiones de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático.

Nuestro trabajo, en concreto, ha contado con el apoyo del Banco Mundial y la Iniciativa Climática Internacional de Alemania con el objetivo de aportar soluciones en aquellas zonas con mayor riesgo de inundación.

El gasto de gobiernos y aseguradoras para la gestión de desastres naturales está creciendo exponencialmente en todo el mundo. Por eso, creemos que nuestra investigación, que ha contado con el apoyo del Banco Mundial y la Iniciativa Climática Internacional de Alemania ofrece nuevas oportunidades para costear la conservación y restauración de los manglares utilizando alternativas de adaptación al cambio climático, reducción del riesgo de los desastres naturales y fondos de aseguradoras.

Ante todo, preservar y conservar los bosques de manglar es una estrategia extremadamente rentable económicamente para proteger las costas de los daños ocasionados por las tormentas tropicales.The Conversation

Michael Beck, Research professor, University of California, Santa Cruz y Pelayo Menéndez, Postdoctoral Fellow in Marine Science, University of California, Santa Cruz

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

viernes, 1 de mayo de 2020

¿Existe un enlace entre cambios de la población de vida silvestre y el riesgo de contagio de virus?


Rhesus macaques at Kathmandu,
Rhesus macaques at Kathmandu, Nepal temple.
(Christine Kreuder Johnson/UC Davis)
Es conocido como el ser humano ha cambiado el medio ambiente, desde la extensa deforestación de bosques tropicales, expansión de ciudades, fragmentación y degradación de hábitats,  explotación de vida silvestre, contaminación de aguas, alteración del clima global, etc.  También sabemos que ciertas enfermedades infecciosas detectadas en poblaciones humanas son originadas por virus provenientes de animales silvestres.  No es difícil, entonces, a raíz de la expansión de infecciones del COVID-19 por todo el mundo, preguntarse si ésta u otras enfermedades infecciosas están de alguna forma relacionadas a los cambios ambientales que está experimentando nuestro planeta.

En un estudio recientemente publicado en los Proceedings of the Royal Society B, se ha observado que la cantidad de virus zoonóticos detectados en especies de mamíferos aumenta con la abundancia global de especies, lo que sugiere que el riesgo de transmisión del virus ha sido mayor en las especies animales que han aumentado en abundancia e incluso han expandido su rango al adaptarse a paisajes dominados por humanos.

La autora principal de la investigación, Christine Kreuder Johnson es directora de proyectos de USAID PREDICT y directora del EpiCenter for Disease Dynamics en el One Health Institute, un programa de la Escuela de Medicina Veterinaria UC Davis.  La investigadora dijo: “La propagación de virus de animales es un resultado directo de nuestras acciones que involucran la vida silvestre y su hábitat. La consecuencia es que están compartiendo sus virus con nosotros.  Estas acciones amenazan simultáneamente la supervivencia de las especies y aumentan el riesgo de contagio a los humanos. En una desafortunada convergencia de muchos factores, esto provoca el tipo de desastre en el que estamos ahora".

En el estudio, los científicos reunieron un gran conjunto de datos de los 142 virus conocidos que se extienden de los animales a los humanos y las especies que han sido implicadas como posibles huéspedes. Utilizando la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, examinaron los patrones de abundancia de las especies, los riesgos de extinción y las causas subyacentes de la disminución de las especies.

bat hanging
Image by Signe Allerslev from Pixabay
En el estudio se encontraron tendencias claras en el riesgo de contagio que destacan cómo las personas han interactuado con los animales a lo largo de la historia.  Además se observó que la cantidad de virus zoonóticos detectados en especies de mamíferos aumenta positivamente con la abundancia global de especies, lo que sugiere que el riesgo de transmisión del virus ha sido mayor en las especies animales que han aumentado en abundancia e incluso han expandido su rango al adaptarse a paisajes dominados por humanos.  Se detectó que los animales domésticos, incluido el ganado, comparten el mayor número de virus con los humanos, con ocho veces más virus zoonóticos en comparación con las especies de mamíferos salvajes. Esto es probablemente el resultado de nuestras frecuentes interacciones cercanas con estas especies durante siglos.

Los animales salvajes que han aumentado en abundancia y se han adaptado bien a ambientes dominados por humanos también comparten más virus con las personas. Estos incluyen algunas especies de roedores, murciélagos y primates que viven entre las personas, cerca de nuestros hogares y alrededor de nuestras granjas y cultivos, lo que los hace de alto riesgo de transmisión continua de virus a personas.

La explotación de la vida silvestre a través de la caza y el comercio facilita el contacto cercano entre la vida silvestre y los humanos, y estos hallazgos proporcionan evidencia adicional de que la explotación, así como las actividades antropogénicas que han causado pérdidas en la calidad del hábitat de la vida silvestre, han aumentado las oportunidades para las interacciones animal-humano y han facilitado la transmisión de enfermedades zoonóticas. 

El estudio proporciona nueva evidencia para evaluar el riesgo de contagio de especies de mamíferos y destaca procesos convergentes mediante los cuales las causas de la disminución de la población de vida silvestre han facilitado la transmisión de virus animales a los humanos.


Adaptado de articulo de la Universidad de California en Davis (UC Davis) del 7 de abril, 2020.

Entrevista con la autora en sobre por qué virus brincan de los animales a humanos. The Royal Society Blog, April 8, 2020.

martes, 14 de abril de 2020

Los bosques tropicales están secuestrando menos carbono

Por Daniel T Cross, 6 de m


viernes, 27 de marzo de 2020

Una trampa ecológica para los osos polares

, 17 de  
El cambio climático ha estado reduciendo el hielo marino del Ártico y está causando cambios en el comportamiento de los osos polares. El Mar de Beaufort, ubicado donde se unen los bordes nortes de Alaska y Canadá, es el hogar de uno de los 19 grupos de población de osos polares. Históricamente, los osos polares en esta región permanecieron sobre hielo marino durante todo el año. Pero en las últimas décadas, aproximadamente una cuarta parte de ellos ha optado por moverse a tierra firme en lugar de quedarse en el hielo de verano cada vez más pequeño.

Image by skeeze from Pixabay
Un estudio reciente de San Diego Zoo Global, el Servicio Geológico de Estados Unidos y Polar Bears International analizó las consecuencias energéticas del comportamiento de los osos. La decisión de cada oso individual de permanecer en el hielo o moverse a la tierra parece estar relacionada con el costo energético o el beneficio de la elección.

Los osos que se mudaron a tierra gastaron más energía durante el verano que los osos que permanecieron en el hielo marino. A finales del verano, a medida que el hielo se volvía aún más restringido, los osos gastaban una mayor cantidad de energía nadando hacia la tierra. Por lo tanto, el costo energético inmediato de mudarse a la tierra es mucho mayor que permanecer en la disminuida capa de hielo.

Por otro lado, los osos en tierra en esta región tienen acceso a los cadáveres de ballenas en el verano, mientras que los osos en el hielo marino parecen estar en ayunas. Como resultado, puede ser que el caso de que la disminución de la población de osos en esta región se deba en parte a la trampa ecológica de osos permaneciendo en el hielo para evitar gastar toda la energía necesaria para trasladarse a la tierra. La disminución del hielo polar es un problema real para los osos polares.


viernes, 6 de marzo de 2020

Deforestación precedió a los incendios en la Amazonía en 2019

Plantación de soya al lado de una selva de piedemonte en Brasil. Imagen de Rhett A. Butler/Mongabay.

  • El Proyecto Monitoreo de la Amazonia Andina, órgano que monitorea los incendios, encontró que entre el 2017 y el 2019 se deforestaron 4500 kilómetros cuadrados de la Amazonia brasileña que posteriormente ardieron.
  • El análisis del equipo reveló que el 65 % de esa deforestación tuvo lugar en el 2019.
  • La investigación destaca la necesidad de que los legisladores aborden no solo los incendios sino también la deforestación.

En la segunda mitad de 2019, la narrativa predominante sobre la Amazonia brasileña era que la mayor selva tropical del mundo se estaba quemando. Según el trabajo realizado por el Proyecto Monitoreo de la Amazonia Andina (MAAP, por sus siglas en inglés) de la organización Conservación Amazónica, una evaluación más exacta hubiera indicado que lo que se estaba quemando eran inmensas áreas que antes fueron selva.

En un estudio publicado el 13 de noviembre, el grupo que monitorea la deforestación encontró que 4500 kilómetros cuadrados de la Amazonia brasileña —aproximadamente 1,8 veces el tamaño de Luxemburgo— se deforestaron entre el 2017 y el 2019 y luego ardieron.

La deforestación de 1760 hectáreas en el estado de Mato Grosso en el 2019 (de mayo a julio), seguido de incendios en agosto. Imágenes cortesía de MAAP/Planet.
“La clave principal de la temporada de incendios seguía siendo la deforestación”, dijo Matt Finer, especialista de investigación del MAAP, en una entrevista.

Y esto lo confirmaron en septiembre, cuando los científicos del MAAP revelaron por primera vez que la mayoría de los incendios en la Amazonia que acapararon la atención del mundo en agosto de 2019 estaban teniendo lugar en tierras deforestadas hacía poco, no en áreas forestales existentes.

“No estamos viendo demasiados ejemplos de incendios que aparecen de la nada”, dijo Finer. “Todos los ejemplos que vemos son de incendios en áreas deforestadas recientemente. Luego se escaparon a los bosques de los alrededores, pero nunca se transformaron en un inmenso incendio descontrolado”.

Finer y sus colegas compararon los datos obtenidos por satélite de la pérdida forestal de Global Forest Watch y la Universidad de Maryland con los datos de alerta de incendios de la NASA. También miraron a los datos sobre incendios del Instituto Nacional de Investigación Espacial del Brasil (INPE, por sus siglas en portugués) para determinar cuánta deforestación tuvo lugar en el 2019. Conocidos como alertas DETER, estos puntos identifican incendios en la selva hasta una resolución de 30 metros (98 pies).

Mapa que muestra la deforestación y los incendios en el 2019. Imagen cortesía de MAAP con datos de UMD/GLAD, NASA (MODIS), PRODES y Hansen/UMD/Google/USGS/NASA.
Sorprendentemente, 2980 kilómetros cuadrados de bosque se talaron y quemaron en el 2019, aproximadamente el 65 % de los 4500 kilómetros cuadrados de área deforestada entre el 2017 y el 2019.

Su análisis también mostró que más de 1600 kilómetros cuadrados de bosque primario ardieron en el 2019. Sin embargo, Finer y sus colegas creen que la mayoría de estos incendios fueron provocados para despejar la vegetación para dejar espacio a cultivos o pastizales, ya que parecen propagarse hacia afuera desde terrenos deforestados adyacentes.

El ecologista de la universidad de Maryland, Matt Hansen, dijo al Washington Post en octubre que los recientes incendios en la Amazonia están lejos de las regiones donde los cultivos como la soya son la causa principal de la deforestación. Dijo que sospecha que es muy probable que los ganaderos estén usando los incendios para expandir sus tierras de pastoreo.

“Si eres un gran productor de soya, hay tanta intensificación alrededor de las granjas agro-industriales más grandes que no quieres incendios cerca”, dijo Hansen al Post.

La deforestación de 650 hectáreas (1600 acres) en el estado de Rondônia en el 2019 (de abril a julio), seguida de un incendio en agosto. Imágenes cortesía del MAAP/Planet.
Los incendios en los bosques más secos de América del Sur llevan una marca diferente comparados con aquellos en la selva tropical. (El actual análisis del MAAP se centra en los estados amazónicos de Amazonas, Rondônia y Pará). En octubre, el MAAP demostró que los incendios en las regiones más secas de Chiquitanía y Chaco de Bolivia estaban asolando grandes franjas de ecosistemas naturales.

Sin embargo, eso no quiere decir que los incendios en la selva tropical de la Amazonia nunca se vayan a descontrolar.  Finer dijo que en una sequía grave “de repente, esos incendios sin control se van a parecer más y más a los que vimos en los bosques secos en Bolivia».

“Si es un año más seco, podrían llegar a encender la Amazonia”, añadió.
Tierras deforestadas recientemente en el Amazonas. Imagen de Rhett A. Butler/Mongabay

Un estudio reciente encontró que el cambio climático y la quema de vegetación han causado que la atmósfera sobre la Amazonia se vuelva significativamente más seca en las últimas décadas, lo que incrementa el riesgo de incendios.

El equipo de investigación de Finer señala la necesidad de que los legisladores aborden la deforestación además de los incendios.   “Necesitamos reconocer que muchos de los incendios son, en efecto, un indicador retrospectivo de la deforestación previa, por tanto, para reducir los incendios necesitamos minimizar la deforestación”, escribieron.  Con el aumento en el riesgo de incendios, Finer puso el foco en la necesidad de centrarse en la deforestación con la misma intensidad que en los incendios en el 2019.

“¿Cómo podemos generar esa sensación global de urgencia que vimos, en vez de ponernos histéricos cada agosto?” dijo.

Referencias:

Finer, M. & Mamani, N. (2019). Satellites Reveal what Fueled Brazilian Amazon Fires. MAAP: 113.

John Cannon es un redactor de Mongabay. Lo pueden encontrar en Twitter: @johnccannon

Fuente de artículo:  Mongabay LATAM, 7 febrero 2020 |  Traducido por Yolanda Álvarez

jueves, 27 de febrero de 2020

Un suelo saludable es la clave para alimentar al mundo

Por David R. MontgomeryUniversity of Washington


Plantar una mezcla diversa de cultivos y cultivos de cobertura, y no arar, ayuda a mejorar la salud del suelo. Catherine Ulitsky, USDA/FlickrCC BY

Uno de los mayores mitos modernos sobre la agricultura es que la agricultura orgánica es inherentemente sostenible. Puede ser, pero no necesariamente. Después de todo, la erosión del suelo de campos labrados libres de químicos socavaron el Imperio Romano y otras sociedades antiguas de todo el mundo. Otros mitos agrícolas dificultan el poder reconocer la importancia en restaurar suelos degradados para alimentar al mundo utilizando menos agro-químicos.

Cuando me embarqué en un viaje de seis meses visitando granjas de todo el mundo, investigando mi próximo libro, "Growing a Revolution: Bringing Our Soil Back to Life" (Cultivando una revolución: devolviendo la vida a nuestro suelo), los agricultores innovadores que conocí me mostraron que las prácticas de agricultura regenerativa pueden restaurar los suelos agrícolas en todo el mundo. Tanto en países desarrollados como en desarrollo, estos agricultores reconstruyeron rápidamente la fertilidad de sus suelos degradado, lo que les permitió mantener altos rendimientos utilizando mucho menos fertilizante y pesticidas.

Sus experiencias y los resultados que vi en sus granjas en Dakota del Norte y del Sur, Ohio, Pensilvania, Ghana y Costa Rica, ofrecen evidencia convincente de que la clave para mantener una agricultura altamente productiva radica en la reconstrucción de un suelo saludable y fértil. Este viaje también me llevó a cuestionar tres pilares de la sabiduría convencional sobre la agricultura agro-química industrializada de hoy: que alimenta al mundo, es más eficiente produciendo alimentos y que será necesaria para alimentar el futuro.

Mito 1: La agricultura a gran escala alimenta al mundo hoy



Según un informe reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), las granjas familiares producen más de las tres cuartas partes de los alimentos del mundo. La FAO también estima que casi las tres cuartas partes de todas las granjas en todo el mundo son más pequeñas que una hectárea, aproximadamente 2.5 acres, o el tamaño de una cuadra típica de ciudad.


Un agricultor de Uganda transporta guineos al mercado. La mayoría de los alimentos consumidos en los países en desarrollo es producido en fincas pequeñas familiares. Svetlana Edmeades/IFPRI/FlickrCC BY-NC-ND             









Solo alrededor del 1 por ciento de los estadounidenses son agricultores en la actualidad. Sin embargo, la mayoría de los agricultores del mundo trabajan la tierra para alimentarse y alimentar a sus familias. Así que, mientras que la agricultura industrializada convencional alimenta al mundo desarrollado, la mayoría de los agricultores del mundo trabajan en pequeñas granjas familiares. Un informe del 2016 del Environmental Working Group encontró que casi el 90 por ciento de las exportaciones agrícolas de los EE. UU. Se dirigieron a países desarrollados con pocas personas hambrientas.

Por supuesto, el mundo necesita agricultura comercial, a menos que todos queramos vivir y trabajar en nuestras propias granjas. Pero, ¿son las grandes granjas industriales realmente las mejores, y mucho menos, el único camino a seguir? Esta pregunta nos lleva a un segundo mito

Mito 2: Grandes granjas son más eficientes


Muchos procesos industriales de alto volumen exhiben eficiencias a gran escala que disminuyen los insumos por unidad de producción. Cuantos más objetos se construyen, más eficientemente podrá hacer cada uno. Pero la agricultura es diferente. Un estudio del National Research Council de 1989 concluyó que " sistemas agrícolas alternativos bien administrados casi siempre usan menos pesticidas químicos sintéticos, fertilizantes y antibióticos por unidad de producción que las granjas convencionales"..

Y aunque la mecanización puede proporcionar eficiencia en costos y mano de obra en fincas grandes, fincas más grandes no necesariamente producen más alimentos. Según un informe del censo agrícola de 1992, fincas pequeñas y diversificadas producen más del doble de alimentos por acre que las fincas grandes.

Incluso el Banco Mundial respalda fincas pequeñas como la forma de aumentar la producción agrícola en los países en desarrollo donde la seguridad alimentaria sigue siendo un problema apremiante. Si bien las fincas grandes sobresalen en la producción de un cultivo en particular, como maíz o trigo, pequeñas fincas diversificadas producen más alimentos y más tipos de alimentos por hectárea en general.

Mito 3: La agricultura convencional es necesaria para alimentar al mundo


Todos hemos escuchado a los defensores de la agricultura convencional afirmar que la agricultura orgánica es una receta para la hambruna mundial porque produce rendimientos más bajos. La comparación de rendimiento más extensa, hasta la fecha, un análisis de 115 estudios, del 2015,  encontró que la producción orgánica promedió casi un 20 por ciento menos que los cultivos convencionales, un hallazgo similar a los de estudios anteriores.

Pero el estudio fue un paso más allá, comparando los rendimientos de los cultivos en fincas convencionales con los de fincas orgánicas donde se plantaron cultivos de cobertura y se rotaron los cultivos para mejorar la salud del suelo. Estas técnicas redujeron la brecha de rendimiento por debajo del 10 por ciento.

Los autores concluyeron que la brecha real puede ser mucho menor, ya que encontraron "evidencia de sesgo en el conjunto de datos hacia los estudios que informan mayores rendimientos convencionales". En otras palabras, la base de las afirmaciones de que la agricultura orgánica no puede alimentar al mundo depende tanto de métodos agrícolas específicos como del tipo de finca.


Cultivos de cobertura plantados en un campo de trigo en The Dalles, Oregon. Garrett Duyck, NRCS/FlickrCC BY-ND

Considere también que aproximadamente una cuarta parte de todos los alimentos producidos en todo el mundo nunca se comen. Cada año, solo Estados Unidos descarta 133 mil millones de libras de alimentos, más que suficiente para alimentar a los casi 50 millones de estadounidenses que regularmente enfrentan hambre. Entonces, incluso tomado al pie de la letra, la brecha de rendimiento, mencionada frecuentemente, entre la agricultura convencional y la orgánica, es menor que la cantidad de alimentos que usualmente descartamos.


Construyendo un suelo saludable


Las prácticas agrícolas convencionales que degradan la salud del suelo socavan la capacidad de la humanidad de seguir alimentando a todos a largo plazo. Las prácticas regenerativas como las que se utilizan en las fincas y ranchos que visité, muestran que podemos mejorar fácilmente la fertilidad del suelo tanto en grandes fincas en los EE. UU. Como en pequeñas fincas de subsistencia en los trópicos.

No veo los debates sobre el futuro de la agricultura simplemente como convencional versus orgánica. En mi opinión, hemos simplificado en exceso la complejidad de la tierra y subutilizado la capacidad de los agricultores. Ahora veo que la adopción de prácticas agrícolas que fomentan la salud del suelo son la clave para una agricultura estable y resistente. Y los agricultores que visité habían descifrado este código, adaptando métodos de labranza cero, cultivos de cobertura y rotaciones complejas a sus condiciones particulares de suelo, ambientales y socioeconómicas.


Ya sea que fueran orgánicas o aún usaran algunos fertilizantes y pesticidas, las fincas que visité que adoptaron este conjunto de prácticas transformadoras reportaron cosechas que igualaron o excedieron consistentemente las de fincas convencionales vecinas después de un corto período de transición. Otro mensaje fue tan simple como claro: Agricultores que restauraron su suelo usaron menos insumos para producir mayores rendimientos, lo que se tradujo en mayores ganancias.


Prácticas que mejoran el suelo, como cero labranza y el uso de compost, pueden aumentar la materia orgánica del suelo y mejorar la fertilidad del mismo. David Montgomeryfoto del autor.








No importa cómo se mire, podemos estar seguros de que la agricultura pronto enfrentará otra revolución. Hoy en día, la agricultura funciona con petróleo abundante y barato como combustible y para hacer fertilizantes, y nuestro suministro de petróleo barato no durará para siempre. Ya hay suficientes personas en el planeta para que tengamos un suministro de alimentos de menos de un año para la población mundial en cada momento. Este simple hecho tiene implicaciones críticas para la sociedad.

Entonces, ¿cómo aceleramos la adopción de una agricultura más resiliente o adaptable? La creación de fincas de demostración ayudaría, al igual que la realización de investigaciones a escala de sistema para evaluar qué funciona mejor para adaptar las prácticas específicas a los principios generales en diferentes entornos.

También necesitamos reformular nuestras políticas y subsidios agrícolas. No tiene sentido continuar incentivando las prácticas convencionales que degradan la fertilidad del suelo. Debemos comenzar a apoyar y recompensar a los agricultores que adoptan prácticas regenerativas.

Una vez que vemos a través de los mitos de la agricultura moderna, las prácticas que construyen la salud del suelo se convierten en el lente a través del cual evaluar las estrategias para alimentarnos a largo plazo. ¿Por qué estoy tan seguro de que las prácticas de agricultura regenerativa pueden ser productivas y económicas? Los agricultores que conocí me mostraron que ya lo son.


David R. Montgomery, Profesror of Earth and Space Sciences, University of Washington

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y traducido al español con permiso del autor. Lea el original en inglés.

jueves, 20 de febrero de 2020

Acidificación de los océanos y extinción masiva

Imagen de lpittman from Pixabay
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Web Links

Ocean acidification can cause mass extinctions, fossils reveal

Earth Wise es una producción de WAMC Northeast Public Radio.      

jueves, 6 de febrero de 2020

Los líquenes son mucho más jóvenes de lo que pensaban los científicos.

Adaptado del Field Museum Press Release del 15 de Noviembre, 2019


Liquen Evernia prunastri. Imagen de Marc PascualPixabay
Probablemente hayas visto un liquen, incluso si no te diste cuenta. Si alguna vez deambulaste por el bosque y te preguntaste qué eran las costras de los árboles o las rocas, son líquenes, una combinación de algas y hongos que viven juntos casi como si fueran un solo organismo. Y dado que pueden crecer en rocas desnudas, los científicos pensaban que los líquenes fueron algunos de los primeros organismos en llegar a la tierra desde el agua, cambiando la atmósfera del planeta y allanando el camino para las plantas modernas. Un nuevo estudio publicado en la revista Geobiología revierte esta historia al profundizar en el ADN de las algas y hongos que forman líquenes y muestra que los líquenes probablemente evolucionaron millones de años después de las plantas.

"Cuando observamos los ecosistemas modernos, y vemos una superficie desnuda como una roca, a menudo los líquenes son lo primero que crece allí, y eventualmente las plantas también crecerán allí", dice Matthew Nelsen, autor principal del artículo e investigador científico en el Field Museum. "Se ha pensado que quizás esa era la forma en que ocurria la colonización de la tierra, pero estamos viendo que los líquenes, en realidad, llegaron más tarde al juego que las plantas".
Caloplaca marina, liquen crustoso, crece como una costra anaranjada sobre
una roca.  Fuente imagen: Rosser 1954 Roger Griffith 

Hace cuatrocientos ochenta y cinco millones de años, la Tierra era muy diferente de lo que vemos hoy. Casi nada vivía sobre la tierra. Pero los líquenes pueden vivir en condiciones extremas. Pueden crecer en rocas desnudas y descomponerlas, ayudando a crear el suelo que necesitan las plantas  con raíces (llamadas "plantas vasculares"). Los científicos pensaron que los líquenes deben haber llegado a la tierra antes que las plantas vasculares y haber hecho el ambiente más hospitalario. Pero el trabajo de Nelsen y sus colegas cuestiona esta línea de tiempo.

Nelsen no se propuso alterar el estado del liquen como de los primeros colonizadores de la tierra. Inicialmente estaba interesado en descubrir cómo surgió la relación entre algas y hongos que forma los líquenes. Si los líquenes pudieran actualizar su estado de relación en Facebook, definitivamente sería "es complicado". Son un producto de simbiosis, una relación en la que dos especies viven juntas y ambas se benefician. En este caso, las algas, especialmente cianobacterias, proporcionan alimento y los hongos las envuelven creando un refugio y suministrando ciertos nutrientes. "La pregunta de cuándo evolucionaron los líquenes y cuántas veces los hongos evolucionaron la capacidad de formar relaciones simbióticas con las algas ha sido un poco polémica en el pasado", dice Nelsen.

Pero para determinar con precisión cuándo evolucionaron los líquenes, los científicos necesitaron examinar la historia evolutiva de los hongos y las algas que los componen. Los primeros registros fósiles de líquenes no son muy claros; es difícil distinguir los fósiles de líquenes de otros fósiles, y todos los fósiles que los científicos saben con certeza que son líquenes son más jóvenes que los fósiles de plantas complejas más antiguos. Entonces, los investigadores utilizaron los fósiles disponibles para extrapolar las edades de los árboles genealógicos de hongos y algas formadores de líquenes. Compararon estos árboles genealógicos con edades de plantas fósiles. El veredicto: los líquenes probablemente evolucionaron mucho después de las plantas complejas.

“Los líquenes no son tan viejos como pensábamos que eran. Son un tipo de simbiosis más joven y nuevo y no han existido desde siempre, cubriendo la tierra mucho antes de que hubiera plantas y animales corriendo ”, dice Nelsen.

Descubrir la edad de los líquenes deja en claro que el patrón de los líquenes modernos que aparecen en las rocas antes que las plantas no significa que los líquenes evolucionaron antes que las plantas. "Nos proporciona una instantánea de lo que estaba sucediendo en los años temprano de la vida sobre la Tierra, y cuando algunos de estos grupos comenzaron a aparecer", dice Nelsen. Y dado que los líquenes que crecen en el suelo pueden hacer el suelo más húmedo, mantienen el suelo en su lugar afectan el tipo de nutrientes presentes en el suelo, al aprender cuándo llegaron los líquenes a la escena, nos da una imagen más clara del mundo en el que evolucionaron las plantas complejas.

Al comprender cómo era la Tierra hace cientos de millones de años, podemos examinar cómo ha cambiado y obtener más información sobre el estado actual de nuestro planeta. Para los investigadores, es similar a la sensación que puede tener al aprender sobre la historia familiar a través de un kit de ADN ancestral.

"Cambia nuestra comprensión de la evolución temprana de los ecosistemas complejos en la Tierra", dice Nelsen.

La hazaña transamericana del delicado colibrí rufo


Por Ainhoa Magrach, Ikerbasque Research Fellow, Ecology, bc3 - Basque Centre for Climate Change
Fuente de imagen: Jennifer Bosvert/Shutterstock

Desde hace décadas, nos asombra el comportamiento migratorio de algunas especies de animales. Todos los años, mamíferos, aves, reptiles, peces e insectos llevan a cabo viajes increíbles alrededor del planeta. Estos viajes se dan desde las zonas donde pasan el invierno a las zonas donde se reproducen.

Nos tienen maravillados no solo por las asombrosas distancias que cubren (el charrán ártico vuela 80 000 km al año entre el Ártico y los océanos antárticos ), sino también por su regularidad. Aún somos incapaces de explicar cómo estos animales siguen las mismas rutas año tras año.

Funciones de las especies migratorias

Las especies migratorias realizan importantes funciones en los ecosistemas. En algunos casos, contribuyen a la reproducción de algunas plantas a través de la dispersión de sus semillas. Las semillas pueden llegar a recorrer cientos de kilómetros adheridas a plumas o pelos, o dentro del tracto digestivo.

Un estudio reciente encontró semillas en un 1,2 % de los halcones de Eleonora analizados durante su migración entre Europa y África. Estos fenómenos de dispersión de larga distancia podrían ayudarnos a entender mejor la distribución de algunas especies de plantas.

En otros casos, las especies migratorias pueden facilitar el intercambio de polen entre flores de la misma especie de planta. Un ejemplo son las mariposas monarca. Esta especie hace un viaje de ida y vuelta entre el sur de Canadá y el centro de México todos los años, alimentándose de diferentes especies de algondoncillos (plantas del género Asclepias). Lo más sorprendente es que esta migración no la completan los mismos individuos, sino que los que vuelven al norte son sus descendientes.

Hoy en día existen varias teorías para explicar cómo los descendientes de estas mariposas son capaces de volver a los mismos sitios de los que salieron sus progenitores. Unas sugieren que se orientan a través de la posición del sol, mientras que otras proponen que las mariposas marcan los árboles con compuestos químicos. En cualquier caso, se necesitan más estudios para entender este comportamiento fascinante.

El colibrí rufo: un caso extremo

Otro caso curioso es el del colibrí rufo (Selasphorus rufus). Esta pequeña ave mide unos 8 cm de largo y pesa menos que una moneda de 5 céntimos de euro (3.5 gramos del ave vs 3.92 de la moneda). Sin embargo, realiza una de las migraciones más sorprendentes del mundo animal y la más larga comparada con su tamaño corporal.

Cada año, individuos de esta especie se desplazan más de 5 000 km entre sus áreas de invernada en México y el área de cría en el sur de Alaska en un tiempo récord. En el año 2010, una hembra anillada en Tallahasee (Florida) fue recapturada ¡solo 5 meses después en Prince William Sound (Alaska)!

Además, esta especie es muy fiel a las rutas migratorias que sigue, lo que ha permitido que anilladores de EE. UU. capturen los mismos individuos año tras año. El récord se ha establecido con la captura durante nueve años consecutivos de una hembra en Alabama.

Lo sorprendente no es solo que los mismos ejemplares vuelvan a los mismos sitios, sino que estudios de ADN han demostrado que los descendientes también siguen las mismas rutas que sus progenitores.
Los colibríes tienen metabolismos increíblemente rápidos, por lo que tienen que consumir entre 2 y 3 veces su peso en néctar e insectos cada día. Para ello deben visitar cientos de flores. En el proceso, transportan millones de granos de polen entre plantas, por lo que son especies clave para la reproducción de muchas especies de plantas.

Efectos del ave en las plantas

Durante los últimos seis meses, he tenido la oportunidad única de seguir a esta especie desde los bosques mesófilos de montaña de México hasta los lluviosos del sur de Alaska. A través de este viaje, he podido comprobar que su comportamiento va cambiando a lo largo de su ruta migratoria.

En México, donde la diversidad tanto de otros colibríes como de plantas es máxima, el colibrí rufo se alimenta del néctar de una gran diversidad de plantas. En cambio, a medida que se desplazan al norte y con la disminución en la diversidad de especies de plantas, su dieta se va reduciendo.

En Big Sur (California) el colibrí rufo se alimenta prácticamente del néctar de una única especie de planta, un tipo de grosellero (Ribes sanguineum). Durante las dos semanas de parada que el colibrí pasa en esta zona, se alimenta del néctar de miles de flores y de manera muy agresiva expulsa a otras especies de colibrí que se acercan.

Su comportamiento hace que sea muy eficaz en el transporte de polen entre diferentes individuos de grosellero. Hasta tal punto es eficiente que, cuando continúa su viaje al norte, disminuye el número de frutos producidos por el grosellero. Un cambio en la ruta migratoria del colibrí, podría tener importantes efectos sobre la planta.

Consecuencias de los cambios

En los últimos años, anilladores de EE. UU. han constatado que el número de adultos del colibrí rufo que recapturan se mantiene constante, pero disminuye el número de juveniles. Esto puede deberse a un descenso en la natalidad de la especie o a un cambio en las rutas migratorias que siguen. En cualquier caso, podría tener un efecto negativo no solo para la conservación de esta especie sino para la de las muchas otras especies que dependen de ella.

Los sistemas naturales no se pueden entender si no tenemos en cuenta que las especies que los conforman están relacionadas por múltiples interacciones y dependencias. El impacto sobre una de ellas puede tener efectos inesperados sobre las demás.

Nos queda mucho por entender de la biología y funciones de las especies migratorias. Pero algunos de los patrones que estamos observando y que podrían estar relacionados con el impacto de la actividad humana (cambio climático, modificación del paisaje, etc.) sugieren que es necesario implementar planes de conservación específicos para ellas.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

jueves, 9 de enero de 2020

Los incendios forestales en California anuncian la llegada de una época de incendios planetarios

Por Stephen Pyne, profesor emérito, School of Life Sciences, Arizona State University

Otro otoño, más incendios, más refugiados y casas incineradas.  Para California, las llamaradas se han convertido en los colores del otoño.

El viento revoltea las asquas de un árbol quemado por un incendio forestal en Riverside, Calif. Oct. 31, 2019. AP Photo/Ringo H.W. Chiu

Un incendio descontrolado crea caos en el ambiente gracias a la tormenta de ascuas que se distribuyen por todas partes.  Pero en manos de los humanos, la combustión es también la causa más profunda. Las sociedades modernas están quemando un paisaje lítico (una antigua biomasa viviente ahora fosilizada y convertida en carbón, gas y petróleo) lo cual está agravando la quema de los paisajes vivientes actuales.

La influencia no viene solamente a través de cambio climático, aunque ése es claramente un factor.  La transición a una civilización de combustibles fósiles también afecta cómo los habitantes, en las sociedades industriales, viven sobre la tierra y qué prácticas desarrollan para utilizar el fuego.

Aún sin cambio climático, existiría un problema sobre incendios muy serio.  Algunas agencias en los Estados Unidos reformaron sus políticas para reestablecer un “buen fuego” unos 40-50 años atrás,  pero aparte de algunas localidades, esas políticas no se han aplicado extensamente.

Lo que antes eran paisajes líticos han sido exhumados y ya no están debajo de los paisajes vivientes.  De hecho, una vez suelto, el paisaje lítico sobretoma el viviente y dos formas de quemas interactúan en formas que a veces compiten y a veces se ayudan.  Como cuando líneas eléctricas han iniciado incendios por chispas, los dos fuegos se intersectan con consecuencias letales.


El incendio como marco de referencia

Como un historiador de incendios, se que un sólo factor no es la única causa del mismo. Las llamas cambian sus alrededores.  El fuego es un vehículo sin conductor corriendo cuesta abajo arrasando todo lo que esté a su paso.  A veces encuentra un curva muy cerrada llamada cambio climático. A veces es una intersección peligrosa. A veces es un peligro en el camino dejado por accidentes anteriores, como corta y quema de bosques, pastizales de especies invasivas y otras áreas anteriormente quemadas.

El cambio climático crea un aumento en la acción, y es entendible que toma la mayor atención pues es de escala global y su alcance es mayor que incendios locales, océanos, extinción de especies y otros efectos.  Pero el cambio climático no es suficiente, por si mismo, para explicar la proliferación de mega incendios.  El clima integra muchos factores, al igual que el fuego.  Su interacción hace que sea difícil saber qué causa qué.

Considere el fuego, en todas sus formas, como una narrativa informativa. La inflexión crítica en tiempos modernos ocurrió cuando lo humanos comenzaron a quemar biomasa fosilizada en lugar de viviente.  Esto arrancó una transición pírica semejante a la transición demográfica que acompañó la industrialización, como las poblaciones humanas se expandieron.  Algo similar pasa con la población de incendios, al haber nuevas fuentes de ignición y combustibles además de las ya existentes.

En los Estados Unidos, la transición generó una ola de mega incendios junto al desarrollo de asentamientos – algunos incendios hasta un orden de magnitud más grandes y más letales que los de décadas anteriores.  La deforestación, extracción de productos maderables y corte de bosques para asentamientos humanos alimentó la ocurrencia común de incendios, lo que explotó al final de siglo 19 y principios del siglo 20, las últimas décadas de la Pequeña Edad de Hielo.


El gran indencio de 1910, el cual mató 78 bomberos en Idaho (foto) y Montana, inició una política, por más de medio sigo, de manejo de bosques enfocada en la represión de incendios.  Bibioteca del Congreso/Wikipedia

Fue un período de chaos debido a incendios que inspiró la conservación patrocinada por el estado de los Estados Unidos y la determinación de eliminar las llamas abiertas.  Iniciado por forestales, la creencia se distribuyó que los incendios en la naturaleza pueden ser contenidos.

Eventualmente,  la sustitución tecnológica (por ejemplo reemplazo de velas por bombillas) y la supresión activa redujeron la presencia de llamas. La cantidad de incendios bajo a tal punto que los incendios naturales ya no realizaban una función ecológica. Mientras tanto, la sociedad se reorganizó alrededor de los combustibles fósiles, adaptándose a la combustión del paisaje lítico e ignorando el fuego latente en el paisaje viviente.

Ahora las fuentes sobrepasan las reservas: Demasiada biomasa fósil es quemada para que pueda ser absorbida dentro de los límites ecológicos.  Combustibles en el paisaje viviente se acumula.  El clima está desbalanceado.  Cuando las llamas retornan, como debe ser, vienen como fuegos descontrolados.

Bienvenido al Piroceno

Viendo desde un punto de vista más amplio, podemos visualizar la Tierra entrando a una edad de fuego comparable con las edades de hielo del Pleistoceno, completo con el equivalente incendiario de capas de hielo, lagos pluviales, llanuras de aluvión peri glaciales, extinciones masivas, y cambios en nivel del mar.  Es una época en la que el fuego es tanto la causa primaria de movimiento y la expresión principal.

Aún la historia del clima se ha convertido en un segmento de la historia del fuego.  El control del fuego de la humanidad ha creado el Antropoceno, lo que es el resultado, no sólo de los humanos alterar sinó de un tipo de alteración resultado del monopolio de la humanidad sobre el fuego.

La interacción de los dos tipos de fuegos no ha sido estudiado mucho.  Es difícil estudiar las práticas humanas de fuegos en la ecología tradicional.  Pero el fuego industrial, a diferencia de los incendios naturales, es un producto exclusivamente humano y por eso se ha quedado fuera de la ciencia ecológica.

En los países desarrollados, la combustión industrial dispone la agricultura, las construcciones, los ambientes suburbanos y las reservas de vida silvestre.  Sociedades hasta contrarrestan los incendios con la contrafuerza de fuego industriales en la forma de bombas, maquinarias, aviones y vehículos. La interacción de los dos tipos de fuegos determina no sólo qué se quema, pero también qué necesita ser quemado y qué no.

Adicione todos los efectos, directos e indirectos – las áreas quemándose, las áreas que necesitan ser quemadas, el impacto sobre cuencas dañadas y la atmósfera contaminada, la alteración de la biota, el efecto penetrante del cambio climático, aumento del nivel del mar, extinción de especies, alteración de los hábitats y la vida humana – y ahora tiene una “piro-geografía” que luce como una edad del hielo pero para el fuego.  Estamos ahora en una época “Pirocena”.  Los perfiles de esta época están siendo visibles en el humo.

Si lo duda, pregúntele a California.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.